Casi me tiro a Paris Hilton

¿Ya he llamado vuestra atención? Por si acaso y para atraer más incautos de google voy a escribir tetas, blowjob, y bukkake. Bueno, ya que gracias a mi marketing agresivo ayer batí record de visitas, y me he asegurado un montón más para hoy de forma totalmente ética, puedo confesar que el título del post es engañoso, pero no miento si digo que he estado más cerca que ninguno de mis lectores de tirarme a Paris Hilton (Milton según el corrector de Word). A continuación os contaré lo que pasó en el sábado que más se ha parecido a una película de teenagers americanos de mi vida.
Hace dos fines de semana teníamos aquí en Georgia un pequeño puente debido a la celebración del cumpleaños de Martin Luther King Jr. (aquí tienen la deferencia de celebrar los nacimientos en vez de las muertes), así que tres alegres españoles nos percatamos de que pasarlo en Milledgeville podía resultar inmundo, por lo que a las tantas de la mañana después de acabar una partida de Age of Empires II en red local (joder que freaks), decidimos buscar un lugar donde ir y salir de fiesta el sábado. Investigando por el mapa de USA fijándonos en los lugares cercanos vimos que no muy lejos, en el norte de Florida, se encontraba Jacksonville. La pregunta era ¿qué puede ofrecernos Jacksonville que no lo haga nuestro adorable pueblecillo? Tras investigar un poco vimos que al menos era una ciudad, y como tal, supusimos que tendría más de 1 club, como es el caso de Milledgeville, por lo que ya nos pareció una opción más apetecible. Pese a no estar muy seguros de si ir o no a Jaksonville, parecía la mejor opción en una distancia razonable. Entonces llegó la primera señal divina del fin de semana: navegando por Internet descubrimos la existencia de un club en Jacksonville que DEBÍAMOS visitar, el ¡CLUB PARIS!, es rosa, es exclusivo, es Paris. No había opción, ya estaba decidido, Jacksonville.

A la mañana siguiente madrugamos para alquilar el coche. Nos dimos cuenta de que debíamos tener la deferencia de comentarles nuestro plan a los otros dos españoles, uno es un tipo que va a su movida así que suponíamos que no vendría y así fue, la otra es una chica, muy maja sí, pero para nuestros intereses (¡¡CLUB PARIS!!) no valía, por lo que decidimos que para ahorrar, y de paso echarla para atrás, dormiríamos en el coche. Nuestro plan resultó… mal y ella aceptó sin problemas lo de dormir en el coche, además nos dijo que pasaba bastante de ir al Club Paris, a parte de recordarnos que no iban a dejarnos entrar ni de coña, una ola de realismo nos asoló, y asumimos que había que variar el plan, iríamos a Jacksonville, buscaríamos un buen pub, tomaríamos algo, y luego buscaríamos alguna discoteca donde caernos muertos. Íbamos dispuestos a pasarlo bien pero ninguno sabía que Dios tenía un plan maestro para nosotros.
Después de un largo viaje llegamos a Jacksonville, al entrar nos confundimos de salida y acabamos perdidos dando vueltas sin tener ni idea de dónde andábamos. Cuando llegamos a una calle que parecía más o menos céntrica decidimos aparcar (en USA saber qué calles son céntricas es un reto, porque en todas las ciudades que he estado, excepto en parte New York, las calles del centro por la noche están vacías, no hay peatones, y hay la hostia de sitio para aparcar). Una vez aparcado el coche decidimos tomar una dirección al azar y avanzar. Después de andar un buen rato sin encontrar nada parecido a un bar, ni nadie a quien preguntar, vimos unas luces a lo lejos, así que nos acercamos esperanzados de que fuera algún lugar donde humedecer nuestros gaznates. Lo que allí encontramos fue surrealista, y probablemente sea difícil imaginar que puedan unirse tantas señales divinas de que ir a Jacksonville había sido una buena idea.
Ante nosotros se alzaba un centro comercial llamado Jacksonville Landing, lo cual no podía ser más apropiado para nosotros, pues allí es donde los turistas habíamos “aterrizado”. Nada más entrar comenzó el descontrol, música a todo trapo y hip hop comercial perfecto para frotarse, ¿qué estaba ocurriendo allí? ¡¡¡¡¡La reunión anual de animadoras del norte de Florida!!!!! No podía ser cierto, no podía estar ocurriendo, cientos de jovencitas vestidas de animadoras frotándose en el centro del ídem comercial alrededor de un escenario, donde supongo antes habían llevado a cabo demostraciones de sus habilidades. Aún en shock nos fijamos en una terraza desde la que se podía contemplar el espectáculo, así que decidimos practicar el vouyerismo mientras nos tomábamos algo. Margaritas de 18 oz. por 4$, no sé cuanto son 18 oz. en centilitros, pero es mucho, es un pedazo copón, así que empezaron a caer los margaritas mientras las animadoras proseguían con su espectáculo.

Cuando el hambre empezó a apretar y las animadoras ya se nos hacían repetitivas decidimos buscar un sitio para cenar. Dimos una vuelta a la planta baja del centro comercial, había italianos, mexicanos, comida rápida… y entonces vimos de nuevo la luz: ¡¡¡¡un Hooters!!!! Puede que muchos no tengáis ni idea de que cojones es un Hooters, pero deberías saberlo, Hooters es un restaurante revolucionario, que aúna lo mejor de las enseñanzas de Mary Wollstonecraft, con las últimas innovaciones respecto a la paridad en el trabajo de hombres y mujeres, donde el único requisito exigido a sus trabajadoras es tener las tetas grandes y servir la comida semidesnudas, un lugar maravilloso. Pese a la reticencia de María éramos tres contra una, así que no la quedó más remedio que comer allí. Una vez allí decidimos imbuirnos del espíritu norteamericano así que me pedí la hamburguesa más grande que tenían y una jarra de cerveza. La camarera, que (maldita sea la suerte) era la más fea de todo el local, me preguntó dos veces si la jarra era para los cuatro, a lo que yo sorprendido le contesté que no, que era para myself. Mi compañero de piso, Víctor, se pidió otra jarra porque también traía mucha sed. Al llegar la jarra comprendí el porqué de las preguntas de la camarera, eso no era una jarra, era un puto barril, la jarra de birra más grande que jamás me he echado a la cara.

Después de disfrutar de un buen rato de comida grasienta, un gran partido de fútbol americano en la tele, e ingentes cantidades de cerveza decidimos que ya era momento de buscar un lugar para ir de fiesta. Cómo no sabíamos donde ir le preguntamos a la camarera, ésta nos dijo que había muchos pubs en el propio centro comercial, de los cuales nos recomendaba el Twisted Martín, y una discoteca. A estas alturas de la película todos sabemos a dónde nos había guiado Dios, el destino, la fatalidad, Dende, Spekkio, o la madre del topo, ¡¡¡¡¡El Club Paris!!!!! No podíamos creerlo, Victor y yo estallamos en una carcajada mientras la camarera flipaba ante nuestra reacción, como es comprensible. Salimos del Hooters encendidos la euforia no podía ser mayor, de todos los sitios de Jacksonville habíamos acabado en el puto Club Paris, estabamos siguiendo un guión, y el que lo había escrito era un cachondo.
Antes de afrontar nuestro destino y dado que eran las 10 de la noche decidimos pasarnos por el Twisted Martíni a ver que tal era el ambiente. Una vez dentro comprendí que este lugar también formaba parte del plan maestro, ¡era un jodido bar de Palomas! Entramos, pedimos unas copas, y fuimos a la pista. Una vez allí sonó el que probablemente sea el mayor temazo de la historia de la música disco:
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡DISCO INFERNO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
De repente todas las margaritas y la cerveza vinieron a mí y decidí que era hora de darlo todo, así que bailé como un poseso, me froté con todas las palomas que se me pusieron a tiro, y me eché unas risas que no olvidaré nunca. Después de muchas risas, de colarnos en la zona y en los baños VIP varias veces sin que nadie se diera cuenta, y de hartarnos de ver mujeres de grandes pechos operados, se nos hizo la una de la mañana, cerraron el Twisted Martín, y ya era hora de afrontar el gran momento, había que ir al Club Paris.
(Insertar música épica)
Llegamos a la puerta del Club Paris, estábamos a punto de llegar al punto clave y culminante de nuestro viaje, así que fuimos directos al portero, le enseñamos nuestros DNIs y nos dijo amablemente: “sin Pasaporte no podéis entrar”
¿Y por qué? Os preguntareis. Mi teoría es que los porteros norteamericanos son tan retrasados que no son capaces de comprender la fecha con el día delante y el mes después. No nos quedó más remedio que volvernos al coche, Victor y yo que andábamos más encendidos que un Gusiluz queríamos coger el pasaporte y volver al Club Paris, pero Borja y María pasaban del tema y además querían ir a aparcar a otro sitio porque pasaban de dormir en el centro de la ciudad, así que tras discutir y perder el tiempo inútilmente nos tocó ceder e irnos con el coche a buscar un sitio más discreto para dormir.
Después del gran día que habíamos pasado llegó el bajón, al empezar a escribir esto me di cuenta que el que final era cortarrollos y poco impactante así que pensé en tomarme algunas licencias literarias y decir que habíamos entrado dentro, incluso decir que Paris justo se había pasado por allí ese día, pero yo nunca mentiría (demasiado) a mis visitantes. De haber sido una película yo habría acabado con alguna madurita de pechos operados, Victor con Paris Hilton, y habría surgido el amor entre Borja y María.
Así que aunque probablemente la semana que pasé en Nueva York estuve materialmente más de cerca de Paris Hilton, nunca lo estuve tanto espiritualmente. Por cierto para que os animéis a hacerme una visita en el Viaje a Florida que haremos en el Spring Break ya está programada una visita al Club Paris de Orlando, puede que ese día Paris de pase por allí…